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Calle de la Catedral

monterdeLa calle de la Catedral es una de las más importantes de la ciudad, y de las que más transformaciones ha sufrido. Fue la calle principal de la ciudad en el siglo X, y donde se encontraba la única puerta de la muralla, entre lo que hoy es la Casa de Cultura y Correos. En esta calle destacan tres edificios, la Casa de los Monterde, la Catedral y el Palacio Episcopal y un mirador que se hizo sobre los solares de varias casas destruidas en la Guerra Civil.

La Casa de los Monterde es seguramente el edificio con mejor traza y más cuidada construcción de toda la ciudad. La fachada presenta noble portalón rematado con gran escudo y bella rejería en ventanas y balcones. El lucenario superior constituye la fuente de iluminación de la mansión que tiene la particularidad de estar atravesada en la zona inferior por una calle, gracias a un pasaje abovedado.

Enfrente a la Casa de los Monterde se halla el Palacio Episcopal, del cual destaca su monumental escalera, rematada en torre-lucenario y en cuyo techo aparece el escudo del obispo Juan Francisco Salvador y Gilaberte. En el piso alto se conservan salones que servían de residencia al prelado, junto con la capilla decorada con ingenuas pinturas. En el lado que mira hacia el río tiene una bella galería de madera, elemento también característico de la arquitectura de Albarracín. Actualmente es la sede de la Fundación Santa María de Albarracín.

El edificio más prominente en la actual visión de Albarracín es la Catedral. Fue edificada hacia el año 1200 en la parte más elevada de la ciudad, en el emplazamiento de la antigua mezquita musulmana y sería de traza románica aunque de pobre factura. El actual templo, que vino a sustituir al anterior, data del siglo XVI. Encaramada en la difícil orografía de la ciudad, apenas tiene fachada, pues no hay espacio ni perspectiva para verla, estando flanqueada por un poderoso campanario de planta cuadrada. Son curiosos una serie de restos romanos empotrados en el basamento de la torre; de estos fragmentos destacan algunas lápidas y sobre todo el bajorrelieve de la «sartén y la aceitera», que representarían posiblemente la «pátera» y el «preferículo», usados en los antiguos sacrificios.

catedralLa Catedral alberga en su interior un retablo de Cosme Damián Bas, obra de 1566, así como el retablo de San Pedro, atribuido a Juan de Salas, que desarrolló su trabajo también a mediados del siglo XVI. Una visita merece el Museo Diocesano, donde se exponen siete tapices de Bruselas del siglo XVI, que narran la historia de Gedeón, un curioso pez de cristal y otras piezas de orfebrería religiosa.

La calle de Santa María es la continuación de la calle de la Catedral, partiendo de la misma torre. Primero se estrecha junto a la casa rectoral del Salvador, pero luego se ensancha al acercarse al albergue de Rosa Bríos. En esta calle existe la casa de la Capiscolía, propiedad del "capiscol", un canónigo de las antiguas catedrales que ostentaba una dignidad semejante a la actual del chantre. Al otro lado se alza el caserón señorial de los Pérez de la Morena, que abre sus balcones al río Guadalaviar. Desde el albergue se desciende por la carretera de subida a la ciudad hasta la iglesia de Santa María y la Torre de Doña Blanca, únicas edificaciones que quedan del Convento de los Dominicos, del cual no queda nada, y actualmente está convertido en cementerio.

La iglesia de Santa María fue el primer templo del Albarracín cristiano medieval, con anterioridad al año 1200. Su estado actual parece ser la última obra del maestro francés Quinto Pierres Videl, que la dejó inconclusa y fue terminada por un maestro, seguramente local, a quien se deben sin duda los elementos mudéjares de la parte alta de los muros exteriores. Es el lugar actual de celebración del Ciclo de Música de Albarracín, organizado por la Fundación Santa María de Albarracín.

santamariaJunto a la iglesia se encuentra la Torre de Doña Blanca, que en su origen fue una fortaleza que defendía este sector de la ciudad. En sus descarnados paredones la imaginación popular forjó varias leyendas, siendo la más conocida la que tiene como protagonista a la princesa Doña Blanca de Aragón, que pasó aquí su destierro; todavía se la ve vagar en las noches de plenilunio estival, cuando baja hasta el río para bañarse. Recientemente ha sido completamente restaurada y dedicada a sala de exposiciones de la Fundación Santa María de Albarracín.

La vuelta la podemos hacer por la calle de San Juan. Desde el actual emplazamiento del aparcamiento comenzaría la antigua judería, de la cual sólo tenemos referencias documentales pues ni una sola casa ha quedado. Un recuerdo judaico de carácter toponímico se halla extramuros de Albarracín, al otro lado de la garganta del río, en cuyo paredón rocoso hay una concavidad llamada "Cueva de los Judíos".

Los primeros edificios que nos encontramos son, a la derecha, la ermita de San Juan, obra del siglo XVII, y que tal vez ocupe el lugar de la antigua sinagoga. Enfrente, el antiguo Hospital del s.XVIII, hoy Museo Municipal «Martín Almagro», sólido edificio de piedra rematado por la típica torre-lucenario.

Siguiendo por la calle pasamos junto al Castillo, el punto más alto del casco urbano, situado a 1195 metros sobre el nivel del mar.castillo

A continuación comienza la calle del Salvador que va a desembocar en la plaza de la Seo, en la que se encuentra otra de las puerta de la Catedral. Frente a ésta se sitúa la actual casa de Santa María, que en el siglo XVII perteneció a los Martínez de Espejo, pero hoy presenta los blasones de los Pérez Toyuela y del obispo Gilaberte. Actualmente es una residencia cultural de la Fundación Santa María de Albarracín.

Desde aquí se ha abierto un camino que discurre por el lado noroeste del castillo desde el que se puede divisar abajo en el río el molino del Rey, al cual los judíos debían ir obligatoriamente para conseguir harina. Desde la plaza de la Seo, bordeando la Catedral, descienden unas escaleras que van a desembocar al principio de la calle de la Catedral, por donde volvemos a la Plaza Mayor.

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