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Calle Portal de Molina

comunidadaguaEl principio de la calle del Portal de Molina es una típica calle albarracinense, estrecha, donde los aleros de las casas parece que se toquen. Más adelante, en un ensanche, se encuentra la plazuela de la Comunidad, llamada así por hallarse allí la señorial mansión de esta típica institución de la Sierra.

Esta institución está integrada por la ciudad y 22 pueblos propietarios de grandes áreas de la Sierra, que se regía de acuerdo con sus fueros y privilegios medievales que reconocían el derecho consuetudinario o tradicional que estableció la explotación en común de los pastos y bosques, principal riqueza del país. Las instituciones y privilegios medievales quedaron derogados tras las alteraciones políticas acaecidas en el siglo XVI en Aragón, aunque la propiedad comunal de la mayor parte de los montes se ha conservado hasta hoy. La Casa de la Comunidad debe ser uno de los edificios más antiguos de la ciudad y destaca su arco de medio punto de la puerta principal y la labor de forja de sus rejas con decoración de aves estilizadas.

Enfrente de la Plaza de la Comunidad se encuentra una de las puertas de la muralla, el Portal del Agua, que permitía la bajada al río por el lado sur. De él se conserva su arco y una torre adosada al recinto interior, que lo defendía. Frente a esta puerta, al otro lado del río, se alzaba la torre de la Muela, hoy arruinada, que protegía el acceso desde la ciudad al río. Antes de llegar al Portal, a la derecha hay una pequeña calle que nos lleva a un pequeño jardín-mirador desde el que se divisa la parte posterior de la Catedral y el castillo.

molinaAl final de la calle del Portal de Molina se encuentra, haciendo esquina derecha, la casa de la Julianeta, una de las casas que más identifica a la ciudad. La casa parece que desafía la ley de la gravedad, sin apenas una vertical en su estructura. Enfrente se encuentra el Portal de Molina, llamado así porque de él partía el camino que iba a la ciudad de Molina. Está formado por dos sólidos torreones cuadrados y poseía un matacán, hoy destruido, para arrojar objetos a los atacantes.

Pasado el Portal de Molina se entra al llamado barrio de Los Palacios, cuyo origen se remonta al sitio que puso Pedro III, quien ordenó, antes de que llegara el crudo invierno, levantar unos edificios para expresar su firme voluntad de continuar el asedio hasta rendirla.

De vuelta a la Plaza Mayor lo hacemos por la calle de Santiago, que corre paralelamente a la calle del portal de Molina, pero en un plano superior. Nada más empezar la calle, a la izquierda, tenemos otro rincón típico de la ciudad, el llamado rincón de la Panadería sobre la parte alta del portal de Molina.

La calle nos lleva hasta la iglesia de Santiago, cuyas obras comenzaron hacia 1600 pero que tras sufrir una interrupción no terminaron hasta el siglo XVIII. Tomás Laguía conjetura que la advocación de Santiago se eligió por la especial amistad que los Azagra tuvieron con la Orden Militar de Santiago, y recoge la tradición popular que el edificio de enfrente, hoy transformado en hotel, fue la casa de los caballeros de la Orden en Albarracín. La calle termina en unas escaleras que nos llevan de nuevo a la Plaza Mayor.

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